llorar para seguir siendo

Hoy ha llovido, mucho.

Esta mañana he sentido cómo un mujer lloraba cuando se nombraba a un ser querido, un familiar, una amistad, un hijo…no lo sé. No se quien era ella, ni la persona que ya no está.

Lo que si se es que hoy ha llovido mucho, con fuerza…con rabia. El cielo ha estado de un color gris, casi negro…

Es seguro que no ha llovido todo lo que tiene que llover en nuestra tierra. Aun nos queda mucho por llover, por sentir, por reconocer…para poder seguir siendo.

Pero esta bien lo que ha llovido hoy, y lo que ha venido lloviendo hasta hoy….y lo que lloverá, la lluvia que nos queda por ver, por sentir…

Cuando deja de llover, escampa. En nuestro pueblo queda por llover…con la esperanza de que escampará.

También me ha venido a la cabeza una experiencia compartida recientemente en Jalmoculco (México)…que profundizaba en una mirada a nuestro pasado mas reciente y situaciones presentes. Asier Gallastegi, un buen amigo, escribía así hace unos meses en el blog Proceso de Paz de Lokarri algo así:

“ (…) ¿y qué hacemos con estas emociones sin nombre?

¿Nos revolvemos hasta expandir el dolor?, ¿lo acentuamos?, ¿lo envolvemos de nuevos dolores y emociones hasta hacerlo irreconocible?… ¿Planificamos una estrategia llena de color para tapar los dolores con alegrías fingidas?…

Esta parte del mundo necesita alguien que le abrace mientras tararea una canción de cuna, y tendrá que ser en euskera para que nos llegue dentro y le permita llorar todo lo que necesita para seguir siendo. (…)”

Vivimos en un pueblo con mucho dolor vivido y contenido. Un dolor que a lo largo de nuestra historia quizá no hemos sido capaces de expresar, de llorar en público y en privado…en comunidad… para poder “seguir siendo”.